Altibajos

Imagen de @wirestock, en Freepik

Este ha sido un año de altibajos: días de mucha actividad, días de apatía, días de duelo, días de experiencias extraordinarias. La montaña rusa, tanto laboral como emocional, ha sido continua. Y llega un momento en el que cuesta gestionar toda esta intensidad. 

Sin embargo, a pesar de lo malo que ha traído este 2025, que no ha sido ni poco ni liviano, prefiero quedarme con los recuerdos bonitos: los clientes nuevos y los que han repetido (me llena de orgullo y satisfacción… ah no, que eso era otra cosa), los que me han dado el tiempo necesario para procesar el duelo por el fallecimiento de mi madre (su paciencia, amabilidad y amor hacia mí me han sobrepasado), los proyectos ilusionantes y también los aburridos (cada uno aporta sus enseñanzas), las nuevas relaciones (tanto laborales como personales), las nuevas ciudades (doy fe de que Sevilla tiene un color especial, aunque yo me he enamorado de su gente)… y los amigos de siempre, esos que siempre están ahí pase lo que pase, a pesar de la distancia. 

Dicho esto, encaro el 2026 con nuevos retos (pagar la cuota de autónomos y maquetar un libro son los más abrumadores ahora mismo) y nuevos proyectos y colaboraciones. La imagen que viene a mi cabeza es la de una semilla largamente enterrada que empieza a germinar después de un prolongado rocío. 

Que Dios provee es algo de lo que no tengo duda alguna. Solo hace falta mirar las páginas de la agenda de este año que se va para darse cuenta. De que seguirá haciéndolo tampoco tengo duda alguna. De que seguro que me sorprenderá… de eso ya hablaremos dentro de doce meses más. 

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